Acá estoy, con el nudo en la boca del estómago y la ansiedad a mil revoluciones por minuto dentro mío. Algo pasa cuando pienso en vos y aunque me doy cuenta que no es nada, porque no hay nada, también se leer a mi interior, que de alguna manera me dice que se revoluciona porque espera aquel ideal, la entrega desenfrenada, la pasión sin restricciones. Razón y sin razón enfrentadas en un mismo cuerpo; imposible dejar de sonreír, yo, cuando me acuerdo tu propia sonrisa o las charlas tranquilas que aprendimos a tener estas madrugadas. Charlas que estoy seguro, están llenas de esperanzas, de ansiedad, de preguntas sin respuestas: me gustará? Le gustaré? Me pondrá la piel de gallinas tocar su piel? Sabrá que soy yo cuando lo toque? Sentiré su calor interno? Se dará cuenta que voy entregado hasta el cuello y que aún así, no espero nada ni prometo nada? Cómo se verán sus manos entre las mías? Abrazaré sus pies con mis pies? Será diferente esta vez? Podría quedarme horas escribiendo pero de verdad el pecho estalla de ansiedad; no hace falta siquiera que me diga pará, tranquilo, no te apures, porque nunca perdí la conciencia del lugar donde estoy parado, pero al mismo tiempo, maldito villano, el interior despierta y juega sus propias reglas mientras demanda, presiona, calienta... hierve. Me prometo conocerte, la promesa arrancada entre comunicaciones que se cortan y cámaras que no emiten, toma demasiado sentido; ya es una necesidad para ver como miran tus ojos o tocan tus manos; para sentir tu voz cálida y entonada, para saber si de verdad curvás la cara cuando te sonrojás o si es verdad que te tapás la boca cuando mi osadía supera esa actitud tan medida que tenés conmigo. Si fue bueno conocerte, comenzar a disfrutarte es mucho mejor todavía. Saber que estás me arranca una sonrisa y me acelera el corazón. Cuando fijo la vista en cualquier lugar, aparece esa carota inmensa de repente y mientras lamento la distancia, disfruto también haberme dado cuenta que existís. Te tengo presente siempre.
Oíd mortales el grito sagrado bajo un hermoso y dulce cielo guaraní: libertad, libertad, libertad, mientras reluce eterna la aurora felíz. Oíd el ruido de rotas cadenas en la esmeralda de tu selva como el mar. Ved en trono a la noble igualdad con cien caminos de mágico rubí. Ya su trono dignísimo abrieron, bajan las aguas del gran Río elemental, sobre tu flanco, maduro el sol, carne vibrante el corazón de la espesura o son un misterio impenetrable, en la noche azul. En las provincias unidas del sud, Misionerita, un corazón canta y los libres del mundo responden, al gran pueblo argentino, salud. Endecha tierna de rendido amor, en el homenaje a tu heroica tierra deja el acento de mi corazón. Tiembla en el pecho de tu voz el canto: sean eternos los laureles que supimos conseguir, con voz de guitarra, la dulce ilusión. Coronados de gloria vivamos o juremos con gloria morir: que es hechizo que regalas a los vientos que te arrullan con ternura, en tu esplendor.
Tu viejo nunca me contó nada en forma directa sino que siempre disparó las cosas como al azar, suponiendo que yo conocía los datos previos: para contarme que se casaba me habló del lugar donde sería la fiesta o para decirme que se compró uno de los primeros celulares con tecnología GSM (si, ya se, reíte tranquilo: ¡qué antigüedad la tecnología GSM!!!) me pidió que lo llamara para ver cómo debía agendar el número, de acuerdo a cómo le aparecía en la pantalla del celular: así me dijo me caso o, fanático de la tecnología, compré el último fono. Tu madre siempre habla fuerte, como enojada con el mundo pero te juro que es sólo su manera de ser; ella siempre me hace pata, coincide conmigo, para bardear (de hacer bardo, quilombo, ruido, gastadas, molestias, así decimos en estos tiempos) a Guillermo porque él siempre anda con ideas extrañas y siempre, si, siempre, tiene que dar la nota. Hace una semana, como de casualidad, en una esquina cualquiera que nos juntó una tarde mientras yo daba vueltas por el centro, Guillermo se apareció de pronto y entre pitos y flautas (otra expresión eterna), dijo algo así como que no podía gastar porque tenía que guardar guita para mantener a su hijo. Yo lo conozco. Se que es un juego. Siempre supe que es su manera de compartir, de decir, en otras palabras, lo que quisiera expresar a los gritos y en medio de abrazos y saltos y empujones pero no, eso no: mantiene la compostura y te lo dice como al pasar. Así, hace sólo una semana, me enteré que Maru y Guille serán padres y que vos estabas en camino. Y me emocioné. Desde ese mismo momento tuve la idea de escribirte, de contarte algunas cosas sobre tus viejos y la emoción que me produjo esta noticia. Con Guillermo reí y lo felicité mientras por dentro, la emoción trataba de aflojar las lágrimas. Te buscaron. Estaban en eso desde hace tiempo y de la manera en que los conozco, se lo que habrán sentido, aunque no revolearon nada ni se pusieron a bailar en bolas en medio de la calle. Me tragué las lágrimas y lo miré a los ojos: él estaba como si nada, contento si, pero como si tuviera todo bajo control. Sus ojos, los mismos que miro desde hace más de veinte años y que no me mienten, tampoco mintieron esta vez: estaba contento y su alegría tenía también la alegría de María Eugenia, a quien también la imagino eufórica mientras conservan la calma. Los dos. Esta forma indirecta de comenzar esta carta, como si nada, como al pasar, es la misma manera que utiliza Guillermo para contarme las cosas: esta es tu primera carta o escrito electrónico (vaya a saber cómo se llamará cuando puedas leer y comprender esto) que te escribo para que conozcas algunas cosas de tus viejos. Esta carta, a pocos días de la noticia de tu futuro nacimiento, me llena de mucha emoción por ellos (a quienes conozco) y por vos (a quien no logro imaginar). Todavía falta todo: la panza, el nacimiento, los llantos, las risas, las morisquetas, ¡las boludeces que te van a poner!, los primeros pasos, los golpes, el mamama y el papapa hasta que te salga mamá y que te salga papá Faltan, y me río por ello, las discusiones cuando no se pongan de acuerdo por permitirte o no permitirte, por dejarte o no dejarte, por si verde, si azul, si negro, si blanco Si lo estás leyendo, sabés bien de qué se trata. Ahora que lo escribo, la emoción deja lugar a la sonrisa y trato, imagino, me esfuerzo, dónde estarás leyendo esto, a quiénes le vas a mostrar, con quién te vas a burlar primero de las huevadas (así llamamos también a las cosas sin importancia) que te escribieron una vez, hace tanto tiempo y que en algún momento, cuando seas más grande, te parecerán más importante. Te das cuenta, falta todo, pero también ya somos muchos los que al saber que estás en camino, te sentimos entre nosotros y nos morimos de ganas de tenerte en los brazos mientras tus manitas se aferrarán a nuestros dedos que parecerán enormes y te sentirás protegido, porque estarás protegido entre quienes ya están aprendiendo a quererte y a quienes te querrán después. Hoy quiero que sepas que los que sabemos que estás viviendo, todos los que lo sabemos, tenemos una alegría enorme. La noticia de tu nacimiento me emocionó muchísimo y pensé en escribirte este post para comenzar a darte la bienvenida. También ya estoy seleccionando algunas cosas que te quiero contar de tus viejos pero eso lo vamos a hablar personalmente: algunas, con un mate de por medio y otras, cuando puedas compartir un vino. Hasta tanto, todos te vamos disfrutando. Y vos y yo, nos estamos viendo un día de estos (hoy es viernes 13 de agosto de 2004).
Ahí están los paisajes eternos, imponentes, verdes, generosos. Arriba, desde donde alguna vez el hombre libró la batalla contra otros hombres, en defensa de la tierra, las voces suenan más puras y las intenciones se muestran más profundas. Y aunque nadie se conocía, no hizo falta más que un par de charlas para saber que la jornada sería provechosa. Ahí están las piedras eternas. Y caminar sobre ellas fue caminar sobre la historia de pueblos, de luchas, de victorias y de fracasos. Ahí flamean orgullosas los símbolos nuestros, a un costado de la cruz eterna que se eleva vaya a saber en nombre o en homenaje a qué, o a quién. Despintada, de frente y espalda, a la vez, a ese río de los pájaros (el eterno Uruguay), la cruz marca la cima y sus puntas señalan el paisaje infinito para donde quieras mirar. Los ojos asombrados van y vienen. El silencio indescriptible se quiebra con el viento entre los pocos árboles de la cima, aunque a sus pies el verde brama fuerte y despliega sus mil tonos que se corta con el agua rojiza o un pequeño tramo de una ruta asfaltada que serpentea caprichosa allá abajo, allá lejos. Algunas risas quiebran el silencio mientras otras mentes viajan adentro, al fondo, con proyectos o con decisiones, tan solitarias, tan personales, tan presentes y tan abstractas. Y el viento juegan en ellos mientras ellos, asombrados, mirarán volar esos aguiluchos que transmiten mucha paz cuando baten, en armonía, esas alas filosas que cortan el cielo. Ese inmenso verde se recorta desde el peñón de Mbororé por el río generoso que el hombre quiso que fuera un límite, pero ni el paisaje, la vista o las costumbres permitirán una división caprichosa. También imponente, el segundo río más importante de Misiones regala imagen a quienes pueden, quieren o logran posar sus ojos en esa cinta amarronada que baja con toda su historia a cuestas, esquivando barrancos cubiertos de floridos lapachos y piedras resistentes, esas que albergaron por un rato la emoción y los sueños de quienes caminaron su cima. Y cuando un rato más tarde compartieron galletas, una rosca de chorizo, un poco de queso cáscara colorada y un vino tinto devenidos en un improvisado almuerzo, sentados en un potrero, en la misma orilla, ahí justo donde comienza el país caprichoso, sellaron para siempre una simple jornada, irrepetible, única, intensa, real, divertida, inolvidablemente eterna. Fue un sábado cualquiera, cuando el invierno jugaba a las escondidas y los días cálidos se dejaban sentir, cuando el grupo partió sin rumbos, en busca de un momento. Misiones puso el paisaje y ellos, las ganas de compartir un pedazo de vida.
Que buen sabor tiene el vino preferido del hombre cuando el trago comparte momentos íntimos y las confidencias salen de las miradas, ahí cuando sobran las palabras. Que fuerte suena la risa sincera cuando la picardía es parte del intercambio silencioso. Que bueno sabe el mate amargo cuando acarrea de mano en mano los secretos que se sorben de a poquito, con el consentimiento de los que comparten la ronda, con un ritual que sólo se puede asemejar al de quienes intercambian el último cigarrillo, cuando despunta el alba en un campamento cualquiera, lejos de todo. Postales, momentos, pedazos de vida que se repiten acá y ahora, allá y hace tiempo, pero que se logran rescatar porque llevan el compromiso de los afectos sinceros, de la entrega, de la buena intención, esa que se suele sellar con un abrazo ruidoso de palmas o un fuerte apretón de manos mientras los ojos se clavan seguros en los ojos de enfrente. Que bueno es haberte cruzado en la vida y disfrutar de tus alegrías, reír con vos, llorar con vos, callar con vos, porque quisimos y logramos cruzar nuestras mentes y dejar que jueguen seguras en las aguas blancas y en las aguas turbias de donde salen siempre igual, sin segundas lecturas. Que bueno saberte en silencio porque siempre en silencio das vida a un mágico mundo que sube, que crece, que evoluciona, que estalla y difunde colores y fuegos y risas y flores y respira y grita y canta en silencio, en silencio. Que bueno es mirarte y ver en vos códigos y valores vivos, comportamiento de macho, compañía de amigo, ternura de amor, respeto de familia, compañero de aventuras. Ciudadano. Que bueno es saber que tus sueños te cargan las pilas y que tus sonrisas llevan agradecimiento, que pudiste reír y llorar de felicidad; que lindo fue escuchar y saber que vas a luchar para no tener que mentir y eso me permitió adivinar que cuando te vea con la cabeza gacha no será de humillado sino sólo estarás pensando, o estarás cansado. El vino con vos mejora el sabor; la risa con vos despierta ternura; el mate con vos sella pactos eternos. Compartir el último cigarrillo con vos es compartir lo único que se tiene o, lo que es lo mismo pero en otras palabras, es compartir todo. No es poco ni es demasiado. Apenas es muy bueno saber que estás enfrente y que estás dispuesto a vivir lo que te toque en suerte y lo que logres potenciarlo. El solo hecho de verte traspasar la barrera será muy bueno aunque el desafío está en correr con vos, total, si llego antes será un lindo compromiso marcar la senda y si llego después, querido amigo, será un placer seguir tus pasos. Que buen sabor tiene el vino preferido del hombre cuando el trago comparte