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La mateada

Agua caliente

Desmedida pasión argentina, vos sabés...

Somos así, Guazú hasta la médula: un grupo de misioneros (de Misiones, no de la religión) desplegó en Herzogenaurach la bandera más grande que verá el Mundial de Alemania. La hicieron en la tierra colorada de Puerto Esperanza, Misiones, y flameó con pasión argentina, sentimiento inexplicable si no sos de acá.

Posadas (Línea Capital). Los argentinos somos así: apasionados. Y nos bancamos, porque como andan diciendo por ahí, bebemos en una misma copa la alegría y la amargura; tomamos en serio los chistes y de todo lo serio hacemos bromas. Sabemos, porque somos los mejores y somos el pueblo elegido, que "el barba" no nos va a defraudar.

Nuestra desmesurada alegría está festejando con sobrados motivos porque no solo pusimos en Alemania el trapo albiceleste más grande del mundo sino que encima se la mandamos desde Misiones, esta tierra bien guazú, por si a alguien le quedan dudas.

En el décimo octavo Campeonato Mundial de Fútbol el mundo volverá a disfrutar de nuestra pasión desmedida por los símbolos que nos hermanan: el mate, el dulce de leche, el asado a la estaca, el budín de pan; el himno, El Diego, el tango... la vieja, el potrero y el “fulbo” loco, el “fulbito”.

Aunque el mundo puso los ojos en la fiesta de inauguración, el día siguiente fue el mas importante, porque jugó Argentina, uno de los 64 partidos de este junio/julio festivo.

Ya dimos la vuelta al mundo, cuando los medios de prensa se enteraron que Misiones puso en tierra germana la bandera más grande que verán en este Mundial, ancha y larga como mi provincia, con 51 metros de orgullo nacional por 22 metros de pecho argentino. Imaginate si no nos la bancamos.

Bajo este hermoso y dulce suelo guaraní donde reluce eterna la aurora feliz, comenzó la confección del “trapo” Argentino, con la misma pasión que las damas mendocinas bordaron alguna vez la enseña patria, hace cerca de dos siglos. Esta vez, en la esmeralda de tu selva, donde bajan las aguas del gran Río elemental: en Puerto Esperanza, Misiones, a 50 kilómetros de las Cataratas del Iguazú.

El diario Olé contó que “José Aires y su esposa Cristina tienen un taller de costura en Misiones. La hija de ambos, Viviana, se casó con Carlos Ernst y se fueron a Europa, a buscar un futuro mejor. Con el tiempo, en Suiza se armó una banda nostálgica de argentinos. Fue así como en una conversación casual se planteó el dilema: qué hacer para el momento en que la Selección fuera a Alemania a jugar el Mundial. La idea de la bandera, casi espontánea, no tardó en aparecer. El grupo, que también forman Daniel Villalba, Virginia Pacheco, Roberto Wisniewski, Rubén Ramírez Acosta y Rubén y Alex Moor (que son primos), se puso a juntar plata para financiar la obra. "Ya hicimos la vaquita, ahora ustedes son los encargados de fabricarla", fue la orden para José y Cristina, que dieron el okey y después de comprar el metraje de tela se pusieron a trabajar. La elaboración fue en cuatro trozos sueltos, y así se mandó a Alemania, por correo. Fue una cartita pesada, ya que la bandera acusa 75 kilos en la balanza. Una vez en su destino final, Cristina puso todo su oficio de costurera y, con la ayuda del resto de sus secuaces, se armaron las partes sueltas hasta dejarla así, impecable y hermosa, imponente y emotiva.

"En total, se gastaron ocho mil pesos en materiales y otros 2.500 pesos en el flete puerta a puerta hasta Herzogenaurach, sede de la concentración argentina, donde el grupo mostró este jueves, orgulloso, esta gran bandera”.

Bandera exagerada y desmedida como la pasión argentina, “en el homenaje a tu heroica tierra deja el acento de mi corazón; tiembla en el pecho de tu voz el canto, con voz de guitarra, la dulce ilusión; es hechizo que regalas a los vientos que te arrullan con ternura, en tu esplendor”.

N de la R: Las frases en itálica corresponden a partes de Misionerita, el Himno oficial de la provincia de Misiones.

He aprendido...

Lo recibí hace muchos años en esos mails en cadena. Ahora lo cuelgo acá por dos razones: para compartirlo y para tratar de descubrir a su autor. Si sabés quién lo escribió, avisá...

 

He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame,

sólo convertirme en alguien a quien se puede amar;

el resto ya depende de los otros.

He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás,

muchos de ellos no se preocuparán por mí.

He aprendido que puede requerir años

para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla.

He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida,

no son las cosas que tengo alrededor

sino las personas que tengo alrededor.

He aprendido que puedo encantar a la gente por unos 15 minutos,

después de eso necesito poder hacer más.

He aprendido que no debo compararme

con lo mejor de lo que hacen los demás,

sino con lo mejor que puedo hacer yo.

He aprendido que lo más importante

no es lo que me sucede sino lo que hago al respecto.

He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante

que ocasionan dolor durante toda la vida.

He aprendido que es importante practicar

para convertirme en la persona que yo quiero ser.

He aprendido que es muchísimo más fácil reaccionar que pensar...

y más satisfactorio pensar que reaccionar.

He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que amo

con palabras amorosas; podría ser la última vez que las veo.

He aprendido que puedo llegar mucho más lejos

de lo que pensé posible.

He aprendido que soy responsable de lo que hago,

cualquiera que sea el sentimiento que tenga.

He aprendido que, o controlo mis actitudes o ellas me controlan a mí.

He aprendido que por más apasionada que sea la relación

en un principio, la pasión se desvanece y algo más debe tomar su lugar.

He aprendido que los héroes son las personas que hacen

aquello de lo que están convencidos, a pesar de las consecuencias.

He aprendido que aprender a perdonar requiere mucha práctica.

He aprendido que el dinero es un pésimo indicador de valor de algo o alguien.

He aprendido que con los amigos podemos hacer cualquier cosa, o no hacer nada, y tener el mejor de los momentos.

He aprendido que a veces las personas que creo que me van a patear cuando estoy caido, son aquellas que me ayudan a levantar.

He aprendido que en muchos momentos tengo el derecho de estar enojado, mas no el derecho de ser cruel.

He aprendido que la verdadera amistad y el verdadero amor, continúan creciendo a pesar de la distancia.

He aprendido que simplemente porque alguien no me ama de la manera en que yo quisiera no significa que no me ama a su manera.

He aprendido que la madurez tiene más que ver con las experiencias que he tenido y aquello que he aprendido de ellas que con el número de años

cumplidos.

He aprendido que nunca debo decirle a un niño que sus sueños son tontos; pocas cosas son más humillantes y qué tragedia sería si él lo creyera.

He aprendido que mi familia no siempre estará pendiente de mí, mientras otras personas no relacionadas podrían preocuparse por mí, amarme y enseñarme a confiar de nuevo.

He aprendido que por bueno que sea el buen amigo, tarde o temprano me voy a sentir lastimado por él y debo saber perdonarlo por ello.

He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros; a veces tengo que perdonarme a mí mismo.

He aprendido que por más fuerte que sea mi duelo, el mundo no se detiene por mi dolor.

He aprendido que mientras mis antecedentes y circunstancias pueden haber influenciado en lo que soy, yo soy responsable de lo que llego a ser.

He aprendido que a veces cuando mis amigos se pelean, estoy obligado a tomar partido aun cuando no lo deseo.

He aprendido que simplemente porque dos personas pelean, no significa que no se aman la una a la otra; y simplemente porque dos personas no discuten, no significa que sí se aman.

He aprendido que no tengo que cambiar de amigos si comprendo que los amigos cambian.

He aprendido que no debe afanarme averiguar un secreto; podría cambiar mi vida para siempre.

He aprendido que dos personas pueden mirar a la misma cosa y ver algo totalmente diferente.

He aprendido que por más que trato de proteger a mis hijos, ellos eventualmente se lastiman y con éso me lastimo en el proceso.

He aprendido que hay muchas maneras de enamorarse y permanecer enamorado.

He aprendido que sin importar las concecuencias, cuando soy honesto conmigo mismo llego más lejos en la vida.

He aprendido que muchas cosas pueden ser generadas por la mente; el truco es el autodominio.

He aprendido que por muchos amigos que tenga, si me convierto en su salvador, me sentiré solitario y perdido en los momentos en los que más los necesite.

He aprendido que puedo cambiar mi vida en cuestión de horas ante la influencia de personas que ni siquiera me conocen.

He aprendido que aún cuando pienso que no puedo dar más, cuando un amigo pide ayuda, logro encontrar la fortaleza para ayudarlo.

He aprendido que tanto escribir como hablar puede aliviar los dolores ocionales.

He aprendido que el paradigma en el que vivo no es la única opción que tengo.

He aprendido que los títulos sobre la pared no nos convierten en seres humanos decentes.

He aprendido que aunque la palabra «amor» pueda tener diferentes significados, pierde su valor cuando se usa con ligereza.

He aprendido que es muy difícil determinar dónde fijar el límite entre no herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo.

Qué vieron tus ojos en ese cuadro

Qué vieron esos ojos cuando vieron una foto en ese cuadro que se te apareció de repente, cuando levantaste la cámara, cuando miraste los vidrios descoloridos en esa ventana tan particular.

Ahí están, vaya a saber desde cuándo, la pared sucia de moho, el sol en picada, la sombras y las marcas de la lluvia que traspone un techo que imagino traslúcido... la puerta, el pasillo... los años que encierra y las voces que –supongo- sonaron por décadas a través de esa larga y angosta ventanita de una docena de recuadros, limpiados vaya a saber por qué manos... iluminando qué ambiente.

No pudo dejar de mirarlo; se me aparecen mil historias encerradas sin tener en cuenta ni al hombre frente al túnel por el que ya escapa su vida ni la mesa de bar, de confesiones, de llanto, de risas, de cartas, de juegos, de tragos... como tampoco a esas cuatro sillas desparejas... viejas, históricas, que representan a más de cuatro décadas.

Esas paredes rosaditas me insinúan un par de fiestas modestas, la ropa de trabajo, una discusión gremial, un secreto compartido, el rebote del algún grito de alegría y otro grito descontrolado. Y risas, muchas risas. Voces entremezcladas en años que dejan escapar alguna carcajada y quizás un par de llantos: es una esquina extraña que no se si alguna vez conoceré, pero confieso que atrajo mi atención. Hay olor y manchas de humedad –lo percibo- en este cuadro tan particular que atrae –insisto-, mi mirada perdida, a cada rato.

Imagino tus ojos descubriendo esa imagen que habla en cada centímetro pero no logro descubrir si vieron lo que yo miro: la charla ausente entre dos que no son o que no están; una voz compañera de lo que parece una vieja radio en esa silla a la que –imagino- ya le saltó el cromado. La puerta cerrada que impide el paso de quien no está invitado deja, sin embargo, pasar la luz que ilumina la ausencia y que compite, con qué fuerza, con ese hombre viejo y de andar cansino que me permite adivinar su postura y su sostén, en contraste también con los brotes tiernos de un árbol indefinido que se adivinan detrás de los vidrios grisáceos, presentados en cubos, justo donde la luz le pone barras perpendiculares, en un juego caprichoso de geometría imperfecta.

Qué vieron, me pregunto por décima vez, esos ojos que vieron una ventana larga con 48 cubos en el centro de la escena, con otro ambiente que lo enmarca y lo preserva, a pesar del escape caprichoso que sale hacia la izquierda, ilimitado, pero donde se concentra la vida y la voz.

Hay una mano que se aferra con fuerza a esa vara que garantiza un poco de vida mientras la otra, más abajo, empuja o sostiene ese gesto de subir o bajar que sólo vos podrás contarlo...

Los argentinos son un misterio

Una vez alguien le pidió a un hombre filósofo español, muy conocedor del pueblo argentino y con un gran cariño por nosotros, que hablara de los argentinos pero con visión desde fuera del bosque y de toda pasión. Esto fue lo que dijo:

Los argentinos están entre vosotros, pero no son como vosotros. No intentéis conocerlos, porque su alma vive en el mundo impenetrable de la dualidad. Los argentinos beben en una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto -el tango- y se ríen de la música de otro; toman en serio los chistes y de todo lo serio hacen bromas. Ellos mismos no se conocen.Creen en la interpretación de los sueños, en Freud y el horóscopo chino, visitan al médico y también al curandero todo al mismo tiempo. Tratan a Dios como "el flaco" y se mofan de los ritos religiosos, aunque los presidentes no se pierden un tedéum en la catedral. No renuncian a sus ilusiones ni aprenden de sus desilusiones.

No discutais con ellos ¡jamás! Los argentinos nacen con sabiduría inmanente!

¡Saben y opinan de todo! En una mesa de café y en programas de periodistas/políticos arreglan todo. Cuando los argentinos viajan, todo lo comparan con Buenos Aires.

Hermanos, ellos son "el pueblo elegido"...por ellos mismos.

Individualmente, se caracterizan por su simpatía y su inteligencia, en grupo son insoportables por su griterío y apasionamiento.

Cada uno es un genio, y los genios no se llevan bien entre ellos; por eso es fácil reunir argentinos, unirlos imposible. Un argentino es capaz de lograr todo en el mundo, menos el aplauso de otros argentinos.

No le habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura. Los argentinos son hiperbólicos y desmesurados, van de un extremo a otro con sus opiniones y sus acciones.

Cuando discuten no dicen: No estoy de acuerdo, sino: Usted esta absolutamente equivocado!

Aman tanto la contradicción que llaman "bárbara" a una mujer linda; a un erudito lo bautizan "bestia" y a un mero futbolista, "genio" y cuando manifiestan extrema amistad te califican de boludo. Y si el afecto y confianza es mucho mas grande, eres un Hijo de puta...

Cuando alguien les pide un favor no dicen simplemente "si", sino "como no". Son el único pueblo del mundo que comienza sus frases con la palabra NO. Cuando alguien les agradece, dicen: "NO, de nada" o "NO" con una sonrisa.

Los argentinos tienen dos problemas para cada solución. Pero intuyen las soluciones a todo problema. Cualquier argentino dirá que sabe como se debe pagar la deuda externa, enderezar a los militares, aconsejar al resto de América latina, disminuir el hambre de África y enseñar economía en USA. Los argentinos tienen metáforas para referirse a lo común con palabras extrañas. Por ejemplo, a un aumento de sueldos le llaman "rebalanceo de ingresos"; a un incremento de impuestos, "modificación de la base imponible" y a una simple devaluación, "una variación brusca del tipo de cambio". Un plan económico es siempre "un plan de ajuste" y a una operación financiera de especulación la denominan "bicicleta".Viven, como dijo Ortega y Gasset, una permanente disociación entre la imagen que tienen de si mismos y la realidad. Tienen un altísimo numero de psicólogos y psiquiatras y se ufanan de estar siempre al tanto de la ultima terapia.

Tienen un tremendo super ego, pero no se lo mencionen porque se desestabilizan y entran en crisis. Tienen un espantoso temor al ridículo, pero se describen a si mismo como liberados.

Son prejuiciosos, pero creen ser amplios, generosos y tolerantes. Son racistas al punto de hablar de "negros de mierda" o "cabecitas negras".

Los argentinos son italianos que hablan español. Pretenden sueldos norteamericanos y vivir como ingleses. Dicen dicen discursos franceses y votan como senegaleses. Piensan como zurdos y viven como burgueses. Alaban el emprendimiento canadiense y tienen una organización boliviana. Admiran el orden suizo y practican un desorden tunecino.

Los argentinos... son un misterio.

Así mismo é nuestra lengua

Ay internet de mis amores, cuántas cosas provechosas se pueden encontrar en la red de redes. Otro de los tantos correos electrónicos que van dando vueltas por el mundo es este, que nos pinta a los misioneros, a Dios gracias, bien como somos.

El Misionero no es antipático, es un "argél"

El Misionero no se pone de novio, se "arregla"

El Misionero no conquista mujeres fieras, es un "bagallero"

El Misionero no abusa de algo, "baquetéa"

El Misionero no toma tu Coca Cola Light, sino "toma por tu light"

El Misionero no va dos días de vacaciones sino "va un dos días de vacaciones"

En Misiones no hay personas feas, hay "bagartos"

El Misionero no pega, da una "pateadura"

El Misionero no tiene mal aliento, tiene "yurú né"

El Misionero no es travieso, es "cabezudo"

El Misionero no agarra, "cacha"

El Misionero no hace la corte, "le cae" ó "le llovizna"

El Misionero no va de fiesta, sale de "pachanga"

Las Misioneras no tienen vagina, tienen "cachí" ó "tatú"

Los Misioneros no tienen pene, tienen "chilo"

El Misionero no come lo que sobró del día anterior, come "carayá"

El Misionero no es elegante, es "caté"

El Misionero no está borracho, está "caú"

El Misionero no se acuesta con una mujer, se la "come"

El Misionero no tiene buen nivel, es "cotizado"

En Misiones no hay putas, hay "cueros"

El Misionero no te avisa de un peligro, te dice "chaque"

El Misionero no hace favores gratis, hace "changas paraguayas"

El Misionero no te da ventaja, te da "changüí"

El Misionero no desordena, hace "emboyeré"

El Misionero no hace el amor, "entierra la mandioca"

El misionero no sale con una señorita, anda "clavando" con una "guaina"

El Misionero no es cornudo, es "guampudo"

El Misionero no se divierte, se "halla"

El Misionero no maltrata, "judéa"

El Misionero no se lleva un susto, se lleva un "julepe"

El Misionero no es flaco, es "lambarí" ó "piruí"

El Misionero no pone llave, "llavéa"

En Misiones no hay pibes maleducados, hay "pendejos de mierda"

El Misionero no es primitivo ni mediocre, es "mencho"

El Misionero no dice apurate, dice "metele"

El misionero no es mentiroso, es "yapú"

El Misionero no se aburre ni molesta, se "picha"

El Misionero no es mal perdedor, es "pichado"

El Misionero no tiene plata, tiene "pirá piré"

El misionero no paga, tiene que "eñemoíque"

El misionero no es gay, es "traga sable"

El misionero no anda corto de dinero, anda "puádo" o "no hay pora la pirá piré"

El Misionero no tiene pene grande, tiene "tamanduá"

El Misionero no te dice basta, te dice "Ya dá ya"

El Misionero no es petiso, es "tape"

El Misionero no hace lío, arma un "tepotí"

El Misionero no es ordinario, es "sagua-á"

El misionero no toma un trago, "le mete un camambú"

En Misiones la cerveza no está helada, está "bien frapé"

En Misiones no se toma champagne, se toma "champú"

El Misionero no es veleta, es "poncho yeré"

En Misiones las mujeres no son histéricas, son "santoró"

En Misiones no se atraviesa, se "bandéa"

El Misionero no da una cachetada, da un "chipa-í"

El Misionero no da un coscorrón, da un "tongo"

El Misionero no es mujeriego, es "picho dulce"

El Misionero no es haragán, es "tecoreí"

El Misionero no tiene un auto viejo y feo, tiene "una gangrena"

El Misionero no tiene un adversario débil, tiene uno "bien pililí"

El Misionero no tiene el motor de su auto preparado, lo tiene "mandiocado"

El misionero no le da escalofríos, le da todo un "tetereú"

En Misiones la fiesta no termina, "opama"

Expresión de admiración: "Güeeeee"

Expresión de incredulidad: "A la iiiitaaaaa", "vó nomá sabé", "chiquelé"

Orden de ejecutar una acción: "Ñaputile", "Encajale", "Sacudile", etc.

Amenaza-advertencia: "No te aya hacé el loco ehhh"

Amenaza de muerte: "Dejá de jodé o te viá meté un puntazo ehhh!!!"

Expresión de afirmación: "Má vale"

Expresión de homosexualidad: "gueytesco"

Expresión de compasión por el prójimo: "Angáaaaa pobreciiiiiito"

Expresión de pobresa: "croto de mierda"

Para muchos que tienen una "belleza rara": "pobre angá se cree q está re bueno"

Rianse de como Hablamos los misioneros, jajajajajajajaja!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! o mejor...... ríanse junto a nosotros.

¡¡¡Soy argentino, y qué!!!

Ser argentino es un sentimiento. Es una costumbre nacional. Y algún argentino se tomó el trabajo de rescatar las particularidades del habla nacional y lo difundió por Internet, a través de correos electrónico que entran y salen, llevando consigo un sentimiento nacional. Y acá está el ser argentino.

El Argentino no te llama por teléfono: te pega un tubazo.
El Argentino no tiene un departamento: tiene un bulo.
El Argentino no saluda: te dice, qué hacés boludo?
El Argentino no se cae: se va a la mierda.
El Argentino no se enamora: está hecho un pelotudo.
El Argentino no te convence: te hace la cabeza.
El Argentino no se lanza: te hecha los galgos.
El Argentino no da besos: te rompe la boca.
El Argentino no bebe: chupa.
El Argentino no acaricia: franelea.
El Argentino no molesta: rompe las pelotas.
El Argentino no se baña: se pega una ducha.
El Argentino no se alimenta: come como un hijo de puta.
El Argentino no te golpea: te caga a palos.
El Argentino no da órdenes: te caga a pedos.
El Argentino no tiene amantes: tiene amigovias.
El Argentino no tiene ganas de hacer pis: se está re-meando.
El Argentino no sufre diarrea: se caga encima.
El Argentino no sale corriendo: sale cagando.
El Argentino no se dispersa: se cuelga.
El Argentino no duerme: torra.
El Argentino no se ríe a carcajadas: se caga de risa.
El Argentino no esta en problemas: tiene quilombos.
El Argentino no es molesto: es un hincha pelotas.
El Argentino no da besos: te tranza.
El Argentino no te pide que lo lleves: pide que lo tiren.
El Argentino no es un tipo alegre: es un copado.
El Argentino no es un buen amigo: es de fierro.
El Argentino no es un buen tipo: es de primera.
El Argentino no está aburrido: está al pedo.
El Argentino no hace algo mal: le sale para el orto.
El Argentino no habla claro: te bate la justa.
El Argentino no dice la verdad: dice la posta.
El Argentino no es cualquier cosa: El Argentino es una masa!!!
Y además, es argentino y eso no tiene nombre!!!

"Nunca pensé..., pero me permito"

Es una mujer hecha y derecha, trabajadora, callada. Se pasa casi todo el día ocupada con actividades alternativas para ayudar a mantener el hogar. Un hijo en la facultad y uno o dos más todavía en la secundaria demandan mucho dinero y los dos sueldos de la casa no alcanzan de mucho.
El primer mate estaba espumante y sobre la mesa había un plato con galletitas sobre un mantel de lienzo pintado con frutas de la zona. Esta nerviosa pero decidida. "Siempre tuve miedo de dañar a alguien", disparó ante el único extraño que conocería la historia. "Esto se dio, no lo busqué...", agregó otra vez casi en tono de excusa. Hacía tiempo cebando y tomando mate, uno tras otro, sin pasarlo. Sonrió. Levantó la vista y comenzó a contar, desde el principio, pero en forma desordenada.
"Estoy enamorada de un chico mucho menor que yo... y te decía, que tengo miedo de dañar a alguien, a este chico, a mis hijos, incluso a mi marido... No me parece importante la edad sino que nos queremos; la forma en que vivimos esto, las cosas que tenemos que hacer para vernos... lo divertido que termina siendo esta situación en medio de un cuadro sumamete patético si lo mirás de afuera: la veterana y el pendejo. Hay veces que la situación es confusa porque yo no busqué esta situación sino que se terminó dando. El es amigo de mi hijo, es un poquito más grande que mi hijo mayor pero comenzó a venir a casa porque son amigos...". Hacía menos de cinco minutos que se habían sentado a hablar y el mate ya estaba lavado, la yerba batida y un par de galletitas en la mesa hechas polvo, por la presión de unos dedos nerviosos que no sabían dónde posarse.
"Esto es un amor prohibido. ¿Sabés las veces que me imaginé que todo se hacía público y que me iba con él...?, pero no lo haría nunca. Estoy conciente de mi lugar en esta comunidad, de mi posición de mujer casada. Se que la diferencia de años está presente y que un día, dentro de poco o dentro de mucho, él va a encontrar a una chica de su edad con quien formar una familia...", dijo una mujer madura, nerviosa y enamorada mientras sus ojos buscaban aceptación.
"¿Alguien conoce esta situación...?", fue parte de una pregunta interrumpida con un contundente "No. No. Nadie. Te juro que nadie", antes de dar paso a otro gesto, entre tantos, de reconocimiento: "el, a pesar de su edad, no se lo contó a nadie y eso me sorprende. Dice que quiere protegerme... Yo lo amo..., creo que lo voy a amar siempre".
"Nosotros no tenemos problemas con la edad..., aunque al principio eso me frenaba..., no podía engancharme con un chico menor, pero me hace sentir vida... me hace sentir querida... Hay veces que quiero que todo se sepa, otras que nunca haya pasado..., hay veces que solo pienso en cuánto me voy a divertir la próxima vez que estemos juntos. Me asusta cuando lo veo salir con mi hijo..., son muy compinches y muchas veces imagino que en esas salidas, se pasan con los tragos y le termina contando. Eso me angustia.
Pasó casi una hora de charla. Hubo detalles de la relación, situaciones divertidas de mentiras y encuentros, lágrimas y risas. Hubo una serie interminable de autorreproches y de "esto me permito"; hubo reflexión: "no daño a nadie, solo acepté vivir la porción de felicidad que me tocó en suerte".
Entre tantas palabras, en medio de enfrentarse por primera vez a una historia sobre la que no hay que hablar, esta mujer segura y tranquila, esta persona enamorada dijo que sentía que si su historia tomaba estado público con nombres y apellidos, en una sociedad como la de estos publos pequeños sería tan escandalosa como los escándalos que provocaban los romances entre una mujer blanca y un hombre negro en los Estados Unidos de hace un siglo.
Pero decidió vivir lo que le toca, pensando en si alguna vez todo esto sería diferente. En por qué sucedió. E que habría pasado si no se animaba nunca.

De leyenda, de amor y de juegos
Dice un cuento que todas las emociones y los sentimientos jugaban al juego de las escondidas. Le tocó a La Locura contar y para ello, se apoyó en un árbol y mientras los demás se escondían, ella contaba: "1000, 2, 6, 75, 89, 300..." sin órden contaba, así, como es la locura, y cada uno se escondió como pudo y ella, uno a uno los fue descubriendo.
Piedra Libre!!! Y descubrió a la tristeza detrás de un sauce llorón; a la ingenuidad que se había escondido detrás de una piedra y se había tapado los ojos pensando que asi no la descubrirían... y encontró al miedo en un hueco y al único que no pudo encontrar es al amor, que estaba muy oculto detrás de una hojas. Por más que la locura miraba para todos lados no lo pudo encontrar.
Entonces se acercó La Traición y fiel a su estilo se acercó a La Locura y le susurró al oído: "Está ahí, detrás de las hojas”. La locura miró pero como la locura es medio ciega, la traición le dijo: "Tomá el tridente y pinchá las hojas para que salga!!!, asi lo hizo pero El Amor no salió. El tridente se llenó de gotas de sangre y entonces La Locura sacó las hojas y se dio cuenta que le había pinchado los ojos al Amor.
“Cuanto lo siento hermano, yo no quise hacerte daño. Déjame remediarlo y para compensarte mínimamente lo que te hice, de ahora en adelante seré tu guía”.
Cuenta la leyenda que desde entonces el amor es ciego y la locura lo lleva."

Los primeros pasos

Su primer carreteo, ese que le permitiría comenzar a volar, nada más y nada menos que en medio de un amor prohibido.

El calor de la tarde era insoportable. Carlos subió con prisa al ómnibus en busca del aire acondicionado. Faltaban unos diez minutos para partir y el viaje hacia Posadas le permitiría unas dos horas de sueño. Se acomodó atrás, en los últimos asientos, para estar más cómodo y ya sentado, fijó la vista en unos seis, quizás siete jóvenes que despedían casi seguro al flaco con mochila al hombro. No conocía a ninguno.
Ellos reían ante la broma aleatoria, constante. Estaban ubicados al costado del coche, sobre la gran explanada de la terminal ubicada a unas dos horas de viaje hacia la capital de la provincia. Carlos no sabe por qué pero los comenzó a mirar. Enseguida se dio cuenta que el viajero estaba nervioso y esforzaba un buen humor; y que otro de los chicos, de bermuda floreada y musculosa estaba igual. No hablaba mucho y su risa parecía impuesta. No tuvo que mirar demasiado para notar que los dos estaban tristes y que se esforzaban por ocultarlo.
Cuando llegó el momento de partir, comenzaron a despedirse: abrazos, golpecitos de puño, gastadas, hasta empujones y carcajadas. Y un abrazo conmovedor, con fuerza y ternura, diferente al resto, entre los dos pibes que más le habían llamado la atención. Parecía un abrazo prohibido frente a la vista de todos. Cuando de separaron, sólo Carlos notó que el chico de la bermuda lagrimeaba mientras el otro subía al ómnibus.
"Lo que es la adolescencia y la amistad", pensó justo cuando el pibe de la mochila, ya sin ella, se desplomó en el asiento contiguo, tratando de disimular las lágrimas que se les escapaban de entre los dedos de una mano nerviosa con la que se tomaba la cara.
No dijo nada. Lo dejó llorar un rato pero el chico no lograba calmarse. Carlos preocupado preguntó: "Flaco, ¿te sentís bien?". Y el pibe soltó su angustia. Y lloró con más fuerza.
Carlos nunca logró dormir. Supo, en cambio, que entre esos dos varones había algo más que una simple amistad. Simples, sencillos, cotidianos, esos chicos vivían un amor prohibido frente a la vista de todos. Sufrían, en ese momento y sin que nadie se haya percatado, su primera separación física sin cortar los vínculos sentimentales, sin animarse a compartirlo con alguien.
Estaban angustiados porque no sabían cómo manejarían de ahí en mas esa relación que se cortaba porque estudiarían en ciudades diferentes. Era tan fuerte la angustia y la desazón que ese chico habló por primera vez de su vida privada y lo hizo frente a un desconocido que se limitó a escuchar: "Estamos enamorados -desafió-, pero enamorados de verdad. No se, no me importa si está bien o está mal, sólo se que nos queremos y que queremos estar juntos". Y la voz se le volvió a quebrar.
Carlos pensó que una vez más las pasiones desmesuradas pagan un precio y que los sentimientos siempre se ponen a pruebas. Se conformó con saber que estaba frente a un tema tan viejo como la historia de la humanidad y que esos dos chicos (¿para bien, para mal?) lograron confrontar la pasión que sienten con la cordura y con la posición condenatoria que tendrían quienes supieran la historia. O quizás, también -pensó-, en el Puerto Rico actual muchos otros los apoyarían.
"Solo puedo escucharte, decirte que si hay sentimientos de por medio, se supone que está bien; pero no lo se, nunca me pasó...", disparó antes de ponerse a pensar, con urgencia, si no había dicho una torpeza. "Supongo que estará bien... porque en la Argentina, en el mundo en realidad, los amores prohibidos se definen de esa manera de acuerdo a la época, al momento, a la cultura donde tengan lugar. Acordate, en la época de unitarios y federales, cuando Camila O´Gorman -¿te acordás de la película Camila?-, una chica de la "sociedad" porteña y el cura Ladislao Gutiérrez pagaron con sus vidas la historia de amor que vivieron, porque la Buenos Aires de entonces, y la propia iglesia, se escandalizaron. Pero a ustedes nadie los va a matar", disparó a modo de broma, pero el pibe no sonrió.
El llanto era la manifestación de la angustia que sentían por no saber manejar la situación. No por el sentimiento en si mismo, explicó un joven ahora desenvuelto y un poco más tranquilo. Hablaba con Carlos como si lo conociera de toda la vida mientras hacía, de esa manera, su primera catarsis.
Comenzaba a caer la tarde cuando el ómnibus pasaba el peaje de Santa Ana. Eran los últimos días de un caluroso febrero de 2004. Adentro, Carlos seguía escuchando el relato de vida de un joven que comenzaba a vivir su vida de adulto y esperaba una pausa para decirle que hoy existe más permisos para aceptar otros tipos de vínculos. Como el chico seguía hablando, no se animaba a cortar su primer carreteo, ese que le permitiría comenzar a volar, "nada más y nada menos que en medio de un amor prohibido", pensó.